Archive for the ‘Diseño (general)’ Category

Que conste…

viernes, septiembre 12th, 2008

… y por el aquello de que es buena idea sacarse el 2×4 del ojo propio antes de hacer incapié en la lagaña de ojo ajeno:

Al Sr. Pedro Vélez, artista, curador y profesor de arte de la USC, y quien halaga los esfuerzos periodísticos del jóven Carlos Rubén Rivera, quien —a su vez— se jacta de sus destrezas en lo que concierne a la investigación periodística, y a los dos o tres gatos que leen las dos o tres sandeces que escribo en este espacio y que quizás estén al tanto del chisme del MAC y la cobertura que el blog del mencionado Sr. Vélez, entre otros, le ha dado a todo el asunto:

Que les conste que cuando se habla del Sr. Carlos Rubén Rivera que ha hecho tan buen trabajo de investigación en cuanto al bochorno que es el bochinche en el MAC, se está hablando del mismo Sr. Carlos Rubén Rivera que escribió un artículo corto recientemente en el que describió el diseño industrial como una disciplina que “se ha venido desarrollando, principalmente en Italia, en los últimos años”, y en cuyo vocabulario no parece existir distinción entre artesaníadiseño.

Crédito por lo que se merece, claro… pero que no falte el fuete por lo que se lo ha buscado. Que de ese espíritu de investigación periodística rigurosa con el que reporta acerca del bochinche en el mundo del arte contemporáneo en PR se derramen una que otra gotita para sus “lesser obligations”, como esas tediosas notitas con las que se pretende promocionar exhibiciones de artesanía —¡que diga!— “arte funcional” de la llamada escena de arte de Puerto Rico. Porque más acertado era no mencionar el diseño en ese artículo (porque el diseño tiene muy poco que ver con esa exhibición), que decir las burradas que dijo, que sólo ensanchan el abismo monumental que se encuentra donde debería estar la cultura de diseño en nuestro país.

Dicho eso, continuemos con la programación regular (entiéndase: nada nuevo en el horizonte todavía… mala mía).

Esto es el diseño en nuestro país

viernes, agosto 15th, 2008

En un artículo de Primera Hora (en la sección para la cual solía trabajar hace unos años), el reportero Carlos Rubén Rivera hace eco perfecto de la escasez de cultura de diseño que sufrimos en nuestra isla. Encima de confundir arte y diseño como sinónimos, se atreve a sugerir que el diseño industrial “se ha venido desarrollando, principalmente en Italia, en los últimos años”. También describe la arquitectura como “un arte” que “procura construir espacios dignos de admiración”. Más allá de no tener la más remota idea de lo que es, en sí, el diseño, este reportero —y, me entristece decir, sus editores— ni siquiera parece hacer el ejercicio de investigar un tema antes de escribir acerca de él.

La nota corta pretende promocionar una exhibición de “arte utilitario” que —a juzgar por las imágenes mostradas en el artículo— se pasea entre “arte que es Arte” y “arte que es Artesanía”. Uno de los trabajos es una serie de cajitas de madera cuyo diseño no puede ser más non descript, pero que como el/la artista decidió pintarle unos retratos encima —retratos que me parecen excelentes, a simple vista— entonces por alguna razón se ha apropiado del “diseño” de estas cajas. Y entonces, como por osmosis, su obra de arte resulta que ahora es funcional. Qué fácil es convertir el arte en diseño, ¿no? Sólo hace falta pegarlo de una cosa que sirva para algo y voilà!

No sé si esta confusión entre arte y diseño es una que comparten los artistas partícipes de la exhibición en cuestión, pero no me sorprendería que lo hicieran. Y lo que es peor: no me sorprendería que se les deje sin corregir. A fin de cuentas, muy poca gente en este país se atreve a decirle a un artista que está equivocado, principalmente porque somos unos changos invertebrados, pero también porque dejamos que cosas con aire de high brow, como lo son el “Arte” y todo ese mecanismo de self-importance que suele asociarse con esa escena, nos intimiden.

Mientras el diseño se siga confundiendo con arte, mientras diseñadores gráficos se mercadeen como “artistas gráficos”, mientras le permitamos a los medios intercambiar “arte utilitario” con “diseño industrial” —cuando en realidad se habla de artesanía—, el diseño permanecerá reducido a un ejercicio estético, engañoso y de poca resonancia social, una herramienta más de venta, un recurso desperdiciado. Mientras una cajita genérica con algo pintado encima lleve la bandera de diseño (esa cosa que se originó en Italia, hace algunos añitos), el diseño seguirá reducido a pintura y capota.

Diseño gráfico ≠ Publicidad

sábado, mayo 31st, 2008

Hay algo terriblemente disfuncional con la idea de que el único fin viable para el diseño gráfico es la publicidad. Parece mentira, pero por alguna razón ese parece ser el consenso general en Puerto Rico. Se puede diseñar cualquier cosa, claro, pero no parece tomarse muy en serio a menos que sea producto de un esfuerzo de mercadeo, que mueva un producto o marca, que se pueda medir en números (sean moneda o de índole estadístico). Es como si diseñar cualquier cosa que no redunde en un pitch publicitario fuera más como jugar a diseñador que otra cosa. Trabajar en una agencia de mercadeo, publicidad o agencia creativa1 es “cosa seria”.

Y no es que no lo sea. Por supuesto: la publicidad, el branding y el mercadeo son ejercicios de diseño perfectamente válidos, respetables y encomiables. Sin embargo, estas actividades no resumen el valor ni el potencial del diseño gráfico. Por cierto, son ejecuciones de diseño cuya función se reduce a algo bastante elemental y —en mi opinión— entorpecedoramente repetitivo: vender algo. Y vender a mí me aburre.

El diseño gráfico es una herramienta de comunicación que trasciende las necesidades comerciales de una corporación. El diseño gráfico nos ayuda a navegar espacios, objetos y sistemas; nos permite representar ideas, visualizar conceptos. Es una herramienta que convierte lo abstracto en algo palpable, que abstrae del mundo real para facilitar nuestra comprensión e interacción con él. Educa, facilita e informa.

El ejercicio de diseñar, su ejecución, es una expresión de la inteligencia y la sensibilidad humana, y —como tal— sirve para algo más allá que convencernos de favorecer Colgate sobre Crest, no sólo porque los seres humanos servimos para algo más que vender, sino —más importante— porque servimos para algo más que comprar. Y es imprescindible comprender esta distinción a la hora de determinar el rol que el diseño2 debe tener en nuestra sociedad, porque el mismo no es acerca de qué puede hacer el diseñador, sino acerca de qué necesita el usuario que lo consume.3

Creo que este —el valor de mayor importancia para el diseño: lo que el mismo representa para el usuario— brilla por su ausencia en nuestra idiosincracia, nuestro diálogo popular; y pienso que en gran parte es por ello que pecamos de la ya mencionada falta de cultura de diseño en nuestro país. Combinamos esto con nuestra obsesión con el comercio y lo que obtenemos, entonces, es un excelente recurso terriblemente desperdiciado.4 Y, por supuesto, es de esperarse: encajonar lo que no conocemos, limitar su viabilidad y usabilidad a un contexto estrictamente comercial, es una reacción propia de una sociedad entorpecida por el comercio.

Si, como he discutido en este blog anteriormente, fuéramos a organizar un esfuerzo de concientización, educación y diálogo en Puerto Rico acerca del diseño, su éxito sería directamente proporcional a su efectividad para inyectar el valor funcional del diseño —la capacidad que tiene para mejorar nuestras vidas en distintos niveles que trascienden lo puramente estético y lo puramente comercial— en nuestro diálogo popular.

Pero, ¿será esta sociedad obsesionada con el comercio capaz de redescubrir el valor del diseño fuera de ese contexto comercial? A mí me gusta pensar que sí.

Notas al calce

1 Muchas veces un popular eufemismo para “agencia de publicidad con ínfulas artsy fartsy”.

2 Y aquí hablo del diseño en todas sus disciplinas.

3 Aquí utilizo el verbo consumir, pero el mismo no debe confundirse con el concepto de comprar. Me refiero a la acción de consumir, incluyendo el consumo comercial así como el no comercial.

4 And make no mistake about it: el diseño es un recurso natural del ser humano. Más que eso, es un recurso renovable y perfectamente sustentable. Talk about win-win.

Redefinición: AGARZOLA

sábado, abril 5th, 2008

Recientemente he estado pensando mucho en qué es exactamente lo que yo hago, y cómo eso se relaciona con quién yo soy. Eso se lee alarmantemente existencialista, pero haré todo lo posible por no irme en un viaje muy insoportable.

En particular, me siento como que la mayoría del poco material que tengo digno de portfolio es muy viejo para entusiasmarme, y el chispito que resta son piezas que 1 He trabajado en conjunto con alguien más; o 2 Por las razones que sean no las veo como representativas del trabajo que me interesa hacer. La primera condición no me preocupa mucho. La colaboración me parece muy saludable y creo que se presta para trabajos buenísimos. Sin embargo, encuentro que mi colaboración sirvió más para lograr realizar (y realzar) la visión del otro diseñador (y a mucha honra), y por ende no encuentro que sea un ejemplo digno de mi trabajo como diseñador.

La segunda condición, por otra parte, es la más molestosa. Tengo piezas que he diseñado recientemente y que han quedado muy, pero muy bien. Desde el concepto inicial, hasta la ejecución final de la imprenta, todo refleja una atención y cuidado excepcional. Pero me rejode que, por más cariño que les puse y más orgulloso que me sienta de lo logrado, no representan para nada el tipo de trabajo que quiero hacer. Trabajé en esos proyectos porque eran lo que había, y aunque no me quejo de ellos, sí tengo que admitir que —dada la opción de haber trabajado en ellos o uno del sinnúmero de medios que realmente me interesan— hubiera preferido trabajar en otra cosa. Es decir: quedaron bien, sí —pero no me importan. Y como no me interesa salir a buscar ese tipo de proyectos, pues no me interesa ponerlos en mi portfolio.

Ahora que estoy trabajando en un estudio de diseño, tengo la inquietud de rediseñar mi portfolio online por enésima vez para presentar algo que sea representativo no de lo que “puedo hacer” (entiéndase: regardless of whether or not I like it), sino de lo que “quiero hacer” (entiéndase: regardless of whether or not I get paid for it). Quiero diseñar libros (por dentro y por fuera), afiches y discos de música. Quiero diseñar piezas experimentales de comunicación y diseño de información. Quiero diseñar cosas que me importan.1 Y quiero diseñarlo todo por mí y porque sí.

Entonces, ¿con qué material diseñar un portfolio nuevo, si no tengo qué demostrar? Trabajo viejo tengo, sí, pero ya yo estoy harto de mirarlo, y sospecho que las par de personas que conocen mi trabajo están hartas también. El trabajo que hago en el estudio en el que trabajo me parece muy bien, pero es el tipo de trabajo comercial con el cual prefiero tener una relación limitada a lunes a viernes, 9:30 a.m. – 6:30 p.m. Seguramente algún proyecto del estudio eventualmente apelará a estos intereses personales, y no me cabe duda de que el trabajo que hacemos allí me está ayudando a pulir muchísimas destrezas que emplearé luego en mi carrera. But the fact remains: es trabajo súper comercial y, aunque bonito y de buen gusto, no me parece terriblemente interesante.

Ahora que al fin he terminado con prácticamente todos los proyectos comerciales de mi práctica independiente (sólo resta cerrar un último proyecto), tengo la misión de dedicarme a consegiur proyectos que me interesen en medios que me apasionen. Desde ahora en adelante, y hasta nuevo aviso, mis prioridades de diseño personal (entiéndase: el trabajo que hago por mi cuenta, independientemente del estudio en el que laboro día a día) son las siguientes:

  • Diseñaré una página sencilla en la que mi portfolio comenzará desde cero.
  • No incluiré trabajos anteriores hasta sentirme satisfecho con el trabajo corriente, para así no recostarme de “victorias pasadas”. Esto quiere decir que todo lo que he trabajado antes de la fecha de hoy no tendrá lugar en este nuevo portfolio online, hasta algún futuro lejano en el que el trabajo creado desde ahora en adelante sea sustancioso y satisfactorio, y añadir una pequeña muestra de trabajos viejos (pre-hoy) añada valor meramente hitórico, como un aparte pequeño al portofolio.
  • Iniciaré (y auto financiaré) proyectos míos que he tenido en el “back burner” desde hace algún tiempo, y no esperaré a que se asome algún proyecto comisionado por un tercero para entonces explotar estas ideas.
  • Intentaré diseñar cosas para ser usadas por (o que interactúen con) otras personas. Piezas que simplemente se producen, se publican en un portfolio y se archivan, para jamás ser vistas ni utilizadas por más nadie me parecen un ejercicio que redunda en encerrona creativa. Y para encerrarse, es mejor ser artista.
  • Haré mejor uso de mis libretas. En los últimos meses he cogido un relajito de andar usando mis sketchbooks para apuntar porquerías. No es que eso esté tan mal, pero debo hacer un esfuerzo consciente por darles el uso que merecen, y por el cual las compro: para dibujar, plasmar ideas y coleccionar cosas, frases y diseños que me interesan guardar para la posteridad. El número de teléfono de fulano y las medidas del mueble que el pana quiere comprar pertenecen en cualquier otro artefacto que no sea mi libreta. Y punto.
  • Por el aquello de obligarme a dibujar más y usar mis manos para plasmar ideas en vez de querer hacerlo todo sentado frente a una máquina, crearé un espacio de “sketches” en el que publicaré imágenes extraídas de mis libretas. “Doodles”, “layouts”, letras y otras ideas que se vean interesantes y que puedan ser relevantes para aquellos que visiten mi portfolio buscando conocer mi trabajo.


Y con esto, doy inicio a mi nuevo portfolio, uno que pasa de ser un retrato estático, frío y aburrido de mis proyectos, a ser un proyecto de diseño en sí con funciones que trascienden la mera muestra de mi trabajo. Un proyecto tan dinámico, y vivo y orgánico como los trabajos en los que pretendo embarcar de ahora en adelante. Un vehículo de razones para crear cosas mías y desarrollarme en la direcciones que me interesan. Esto es mi Portfolio.

AGARZOLACERO
Notas al calce

1 Quiero diseñar letras también, aunque eso es una disciplina que ocupará años de mi tiempo libre y no será hasta dentro de algunos años que tendré algo listo para publicación formal. Y con eso no tengo problema alguno.

Doral: jaqueca

lunes, febrero 11th, 2008

No pretendo tener la autoridad de colegas diseñadores cuya experiencia y conocimiento les precede, pero me aventuraré a hacer mi primera crítica de diseño en este blog: La nueva identidad de Doral Bank me da jaqueca.

Luego de varios años de investigaciones, tropiezos legales y financieros, rumores feos y realidades que resultan más feas que los rumores, la imagen de Doral Bank al fin parece haber llegado a un punto tan bajo que ya no le queda de otra que volver a subir. Y con eso en mente, se avientan a la movida más predeciblemente torpe y, a la vez, más inesperadamente mal ejecutada que yo haya visto en algún tiempo. Veamos…

Comparación: logotipos de Doral Bank

Pues, pareciera que algún ejecutivo (o grupo de ejecutivos) dijo: Quiero “otra cosa”. Quiero el opuesto exacto de la imagen corporativa que hemos tenido hasta ahora. ¿El resultado? Precisamente eso, but with a twist. Donde solía haber una ‘d’ mayúscula, ahora hay una minúscula. Donde hubo un color vino, ahora hay un azul turquesa. Donde había un ícono dominante, sólido y —si bien no muy balanceado— de convicción indiscutible, ahora hay una triste letra castigada e incómodamente amarrada en un círculo (ver imagen más abajo) que ni siquiera tiene la convicción de relacionarse a su prisionera con un grosor digno de llamarse prisión. Como identidad gráfica, es el perfecto opuesto de su predecesor. Y todo lo que hacía a la marca anterior, destruye a la presente.

But wait, there’s more! Lo más difícil de digerir acerca de esta nueva dirección gráfica de la mencionada institución bancaria es la manipulación gratuita de las letras ‘d’ y ‘a’ en doral. Esta modificación no parece responder a necesidad tipográfica, pictórica o estética alguna, fuera de “por joder”. Es casi como si afear los glifos fuera parte de una torcida noción del branding en la que ser diferente de alguna manera redime el simple hecho de que se es feo con cojones. Por otra parte, la alteración es una que, por naturaleza, sólo puede aplicarse a esas dos letras dentro del nombre, de manera que —encima de que se hizo una modificación que parece ser aleatoria— la misma se hizo a las letras que aplicara, como sea que aplicara, y sin prestar atención alguna a cómo esto puede afectar las relaciones de esas letras con las demás que le rodean. No se intenta balancear o conciliar la incomodidad creada, sino que se deja así, como si el no tener una buena razón de ser automáticamente la convirtiera en diseño provocador, o algo por el estilo. Es terrible.

Pero no bastaba —claro— con hacer una alteración innecesaria a las letras. Era necesario hacer dos. Había, de alguna manera, que entorpecer aún más la marca por medio de aún más desastres tipográficos. Parece ser que, en el espíritu de balancear “lo que pasa abajo” con “lo que pasa arriba”, se tomó la decisión de eliminar la modulación de la ‘d’ original de Avenir (fuente tipográfica de la cual partieron para este logotipo), resultando al fin en una ‘d’ anormalmente monótona al compararse con letras cuyos grosores naturalmente modulan notablemente, como la ‘r’ y la ‘a’.

Banner: DoralBank.com

En lo que concierne al sistema de identidad que rodea este logotipo, encuentro entorpecedor el uso de lo que parece ser algún tipo de Helvetica (a veces redondeada) para acompañar un logotipo cuyos glifos tipográficos se distinguen por detalles pequeños y a la vez muy característicos. Por ejemplo, comparemos la ‘a’ de doral (que parece salir de Avenir) con la ‘a’ de parte (que se ve como una versión forzosamente expandida de Helvetica). Las diferencias son lo suficiente como para poder distinguir una de la otra, pero no como para crear un contraste saludable, fuera del grosor de las letras. Entonces obtenemos una combinación de muy poca convicción y muy poco carácter.

A fin de cuentas, la nueva identidad es aburrida, torpe y tímida. Se esfuerza tanto por ser distinta a la marca que le precede, que resulta ser el producto de un proceso de pudor y oposición que mira nerviosamente hacia el pasado, en vez de un proceso de reinvención que busque forjar un futuro.

Diseño en conversación:
La conversación como diseño

miércoles, diciembre 12th, 2007

En meses recientes he ido aprendiendo, poco a poco, a apreciar el valor de la discusión entre diseñadores. El discurso es algo a lo que suelo tratar con pinzas, pero la conversación –el intercambio genuino de experiencias positivas y negativas, de ideas buenas y malas, de opiniones prácticas y académicas, y de bromas y demás ritos de confraternización– me parece un ejercicio que redunda siempre en algo positivo para uno como individuo que practica el diseño.

Supongo que puede ser positivo para cualquier vocación, pero en la música –por ejemplo– nunca tuve una discusión particularmente enriquecedora para el proceso creativo musical. Igualmente (o, peor aún) con la fotografía, en donde al parecer el celo y la eterna búsqueda de aquello que llaman “edge” parece reinar en cualquier discusión entre profesionales, en mi limitada experiencia.

Recientemente participé del simposio de diseño de la escuela graduada de NC State, en Raleigh, North Carolina, (en donde actualmente estudia mi amigo y colega Alberto Rigau). El mismo fue titulado OptionShiftControl, apropiado nombre para un evento tratando el tema del control en los sistemas que diseñamos. Siendo este mi primer evento de diseño –fuera de algunos certámenes y un expo anual local que verdaderamente no tiene relevancia alguna con el diseño, a pesar de anunciarse como tal–, debo admitir que ahora me siento que debo atender algún evento como este al menos dos o tres veces al año. La experiencia no sólo fue enriquecedora, sino divertida y refrescante. Salir de esta gran escena del diseño en Puerto Rico no tiene precio, y ayuda a preservar el poquito de cordura que hace falta para mantenerse funcional dentro de un mercado que aplaude y a veces glorifica la mediocridad.

Más allá de las numerosas charlas y talleres ofrecidos por el estudiantado graduado de la escuela, las conversaciones de las que formé parte como algo satélite, o colateral, al evento de diseño en sí no tienen precio. Conversé con diseñadores como yo, aún con carreras muy jóvenes, con otros de más experiencia, pero que nunca han corrido estudios pequeños propios (que siempre han trabajado como creativos en corporaciones medianas o grandes), y con otros cuyas experiencias, sabiduría y trayectorias les preceden.

En particular, tuve la oportunidad de conocer y conversar a fondo con el Sr. John Bielenberg, fundador de la firma de diseño C2, con sedes en San Francisco, CA y la ciudad de Belfast, en el estado de Maine. Más interesante aún es su inspiración en el proyecto Rural Studio1 para crear Project M,2 un taller anual en el que reune a selectos candidatos (generalmente estudiantes, y no siempre diseñadores) para visitar alguna ciudad cuyos problemas sociales sean inevitables, y allí enrollarse las mangas, disectar el problema y buscar soluciones (o, al menos, mejoras) empleando sus conocimientos en sus respectivas disciplinas, y quizás fuera de ellas (todo dentro del muy limitado marco de un mes de taller).

Durante nuestras conversaciones (en las que participaron Alberto Rigau, su hermano Armando, y su compañero de maestría Matt Muñoz, entre otras personas), pude apreciar que Bielenberg no busca glorificar su proyecto, ni pulir sus intenciones para que se vean como un esfuerzo fríamente calculado que parte de alguna sabiduría divina. Todo lo contrario: tanto en conversaciones íntimas como en charlas formales, John presenta su proyecto con sus berrugas, inconsistencias y fracasos. Y sus intenciones son tan puras como imperfectas: explica que Project M es una exploración de diseño para él también, y que muchas veces los estudiantes miran hacia él en busca de alguna dirección, o alguna idea, y él sólo les puede ofrecer la misma cara de perdido con la que ellos le buscan en primer lugar.3

A todas estas, el simposio como tal tenía como tema el espectro de control (el control absoluto de un diseño sobre la manera en que sus usuarios han de desenvolverse dentro el mismo vs. el control absoluto de un usuario para no sólo manipular el sistema diseñado, sino inclusive ignorarlo completamente, o en partes; y todo lo que caería entre medio de estos dos extremos). El éxito del evento, creo yo, se debió a que contó con un balance comedido entre charlas formales y talleres más pequeños en los cuales se tocó este tema en varios planos, desde unos muy prácticos y palpables, hasta otros considerablemente académicos y (a veces) muy por encima de mi capacidad cognoscitiva. Más allá que un grupo de eventos pequeños que bombardearan a uno como espectador, el simposio fue una gran conversación como en capítulos que involucró a uno como participante.

Entonces además de conversar acerca del diseño en este evento, se empleó la conversación como parte vital del diseño del simposio. Y esa, creo yo, ha sido una de las lecciones más valiosas que aprendí en OptionShiftControl: el valor de la conversación como herramienta de diseño, aún cuando conversamos acerca del diseño. Este conocimiento nada más hizo de mi viaje una inversión difíclmente cuantificable en mi vocación como diseñador, y por ello soy muy agradecido.

Notas al calce

1 Estudio de arquitectura en el que cada año participan estudiantes de primer y tercer año de arquitectura de la universidad de Auburn, en Alabama. Su intención es poner el conocimiento y método arquitectónico al servicio de las comunidades marginadas (es decir: indudablemente pobres) de Hale County y condados adyacentes. Originalmente fundado por el Arq. Samuel “Sambo” Mockbee, el mismo es dirigido actualmente por el Arq. Andrew Freear, quien da la casualidad dio una charla el lunes luego del simposio en el mismo NC State. La misma fue impresionante nada más que por el volumen ridículo de proyectos realizados por Rural Studio. Son tantos, y tan buenos. Y, al igual que con Project M, los mismos no pretenden dar cátedra de humildad. Aunque la intención principal es ayudar a estas comunidades, la realidad es que muchos de los proyectos redundan en unas pajas mentales increíbles y preciosas, pero que bien pudieron hacer mejor uso de los recursos para algo más funcional. Freear hizo una presentación muy amena y accesible, y que sirvió como un showcase muy sincero del trabajo que se intenta hacer en Rural Studio, así como lo que al final se logra hacer en él.

2 Además del sitio web oficial, pueden aprender un poco más leyendo este interesantísimo relato de uno de los participantes este año, publicado recientemente en Speak Up.

3 Quizás en un artículo futuro me siente a comentar acerca del difícil desempeño del diseño gráfico como herramienta social. En particular, lo fácil que es caer en el emblemático renglón de la educación acerca de los problemas y cómo solucionarlos, y cómo creo que hace falta también prestar atención a cómo puede el diseño gráfico ayudar más allá de concientizar, interviniendo directamente con el problema y las personas que lo padecen. ¿Cómo? Pues ya lo dije: es tema para otra intervención.

Interrumpimos este 
programa:

martes, diciembre 11th, 2007

Tan inesperadamente como suelen suceder estas cosas, recientemente se ha concretado una oferta bastante seria (y bastante atractiva) por parte de una diseñadora puertorriqueña cuyo estudio está por llevar al “próximo nivel”; entiéndase: invertir un montón de dinero en taller, equipo y talento para así crecer y pasar de estudio de diseño a firma de diseño. La diferencia es más que semántica, por supuesto. Se puede trabajar en mayor cantidad de proyectos, justificar presupuestos más generosos (lo que, a su vez no garantiza –pero si promueve– proyectos más elaborados y experimentales), y colaborar con un grupo de creativos que traen algo muy distinto a lo que una sola persona puede dar.

El punto es que todo esto me ha servido de espejo, por así decirlo. Me he visto a mí mismo, y me he visto asustado. Le tuve miedo a abandonar mi práctica y mis clientes. Le tuve miedo a no contar con la libertad que cuento como freelance. Le tuve miedo a varias cosas, y todavía tengo un poco de pudor. Pero luego de varios rodeos en mi cabeza, varias conversaciones con amigos y colegas más que nada, me doy cuenta de que mi verdadera preocupación es algo muchísimo más tonto, pero que es de esperarse: tengo frío olímpico. Sencillamente eso, miedo a cagar la oportunidad.

Ya la decisión está tomada. Dentro de poco comienzo una nueva etapa en mi vida profesional junto a una diseñadora gráfica cuyo trabajo es muy distinto al mío, y cuyo método parece ser algo completamente ajeno a mi experiencia previa. Como mínimo, será interesantísimo. Pero espero mucho más que eso. Espero tener la oportunidad de trabajar proyectos más significativos que los que he trabajado en mi práctica privada, y así crecer como profesional y como individuo que diseña.

Es mi intención, entonces, anunciar que este blog, además de lo que ya se tenía pensado, también fungirá como espacio de reflexión ante esta nueva etapa de mi carrera profesional y trayectoria personal. Espero publicar reflexiones y comentarios acerca del proceso creativo en un espacio colaborativo de diseño, así como las lecciones aprendidas en lo que comprende el manejo de clientes mayormente corporativos.

A su debido tiempo pondré un enlace al (aún inexistente) sitio web de la nueva firma, con nombres, apellidos, etc.