Arte, dinero… ¿Engaño?


Alfonso Gómez Arzola

Recientemente, Ezequiel Rodríguez Andino escribió un comentario corto en el blog de Frecuencias Alternas acerca de una nueva colaboración entre Brian Eno y David Byrne. Menciona que, con la reciente tendencia de bandas fenecidas a reunirse luego de varias décadas y hacer todo un espectáculo de ello, le preocupa que esta colaboración (una que envuelve a dos vacas sagradas que imponen muchísimo respeto particularmente en círculos de conocedores de música) redunde en sólo otra reunión más motivada exclusivamente por la ganancia que suele implicar el revivir un proyecto/banda/colaboración que tuvo mucho éxito en el pasado (o cuyo estatus de clásico de culto ha llevado su memoria a algo más grande que la suma de sus partes).

En particular, Ezequiel habla de su preocupación con las motivaciones detrás de las reuniones, expresando que la motivación exclusivamente económica es deplorable para él. Para mí también lo es, o lo ha sido hasta ahora, que su nota —especialmente el intercambio que se dio en los comentarios— me ha hecho pensar más en el asunto, y cuestionar mi propia manera de ver todo este asunto.

¿Es acaso tan malo hacer arte por dinero? Mientras más lo pienso, más comemierda y tonta me parece la idea (que yo mismo he adoptado durante años, aclaro) de que si existe alguna motivación económica detrás de la creación de una obra de arte, la misma no es digna, carece de integridad artística, no es válida o es de alguna otra manera una criatura baja e inmunda. O, como mínimo, menos merecedor de mi respeto o admiración. O sea, es arte, sí… pero no es Arte. Es una idea medio pendeja con ropa de elitista, pero que sigue siendo pendeja.

Citaré al mismo Eno, quien en una conferencia (creo que un TED, pero no recuerdo) dijo algo a modo de “el verdadero arte está en la experiencia, y no en la obra”. La obra no importa, entonces, tanto como la experiencia que el espectador —ese individuo, con su bagaje, su educación, su perpectiva, sus valores, su política, sus convicciones y prejuicios, y todo lo demás que comprende a esa persona— registra al consumir la obra.1

Si la obra no es protagónica, entonces ¿de qué nos sirve saber su motivación? Bueno, hay mucho que abogar a favor del contexto, y dependiendo de a quién se le pregunte, uno ha de toparse con quienes digan que el contexto lo es todo, que ahí llace el verdadero significado de cualquier obra de arte.2 Entonces, cabría argumentar que la motivación detrás de una obra provee contexto —ya que, convenientemente, cualquier información acerca de cualquier cosa provee contexto acerca de esa cosa. Supongo entonces que la pregunta es: ¿por qué nos debe importar? O, en términos menos absolutos, ¿por qué nos debe importar tanto?

Tenemos una relación de amor y odio con el dinero. A todos nos encanta gastarlo, pero por alguna razón tomamos el deseo de obtenerlo como un mal imperdonable, particularmente en lo que refiere a los artistas. Y aclaro: no es que estemos en contra de que nuestros artistas ganen dinero, es que nos incomoda que hagan lo que hacen por dinero, lo cual es muy distinto. Nos gusta que nuestros artistas se mantengan bien peace & love, y que acepten el dinero sólo como un mal necesario para sobrevivir. Por alguna razón, el dinero —ironically enough— abarata las intenciones —y, por asociación, la obra— de un artista, y ya no es genuino.

En mi opinión, se me ocurre que —en particular aquellos de nosotros fanáticos empedernidos de la música, las artes plásticas, etc.— creamos un enlace muy personal con el arte que consumimos. Nos sentimos en parte como que esa obra nos habla a nosotros personalmente, que es un ente que piensa y que nos conoce. Entonces, queremos que la experiencia de crear la obra sea tan sexy sensual para el artista como lo es para nosotros el consumirla. Porque, de otro modo, nos sentiríamos usados, cual colegiala que le soltó el canto a un tipo que le susurró cosas lindas al oído y al final sólo quería meter mano.

Le pregunto a los tres gatos que leen este blog: ¿Creen que el deseo del dinero como parte de la motivación detrás de una obra sea algo engañoso, poco genuino o de alguna otra manera negativo para nuestra evaluación de dicha obra? Si la respuesta es que sí, ¿por qué?

Notas al calce

1 Y digo consumir en todo el sentido práctico de la palabra, incluyendo el sentido que comprende la actividad consumista de adquirir un bien o servicio a través de un intercambio de moneda u otros bienes y servicios, dentro de un mercado.

2 Posmos unidos, jamás serán vencidos. Aunque sí re-contextualizados.

1 comentario para:
“Arte, dinero… ¿Engaño?”

  1. No tengo problemas con cobrar por mi arte. Es más, no cobro lo suficiente. Y de capitalista salvaje no tengo nada, pero si puedo hacer dinero y sobrevivir para crear más proyectos y seguir adelante, no me importa lo que me tengan que decir. Saludos.

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